Por qué no se puede salir de la obesidad simplemente con fuerza de voluntad

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Es la respuesta trillada y cliché que todos odiamos escuchar: comes demasiado, te mueves muy poco y si tuvieras más autodisciplina, el problema desaparecería.

Sencillo, ¿verdad?

Equivocado.

Cuando nos advierten sobre los peligros de comer en exceso, nos asustamos por un minuto. Prometemos hacerlo mejor. Entonces alguien pone frente a nosotros un plato de panqueques bañados en jarabe de arce. La razón se evapora. El apetito toma el mando. Antes de que te des cuenta, estás de vuelta en el punto de partida.

Entonces, ¿por qué el apetito es un impulsor tan brutal del comportamiento? Y lo que es más importante, ¿cómo podemos domesticarlo?

La ciencia ha desplazado la culpa de la “fuerza de voluntad débil” hacia la biología. En concreto, genes y hormonas.

El tira y afloja hormonal dentro de tu cuerpo

Tu cuerpo no está tratando de matarte. Está tratando de mantenerte vivo, incluso si eso significa mantenerte gordo. Dos hormonas principales controlan esto: grelina y leptina.

La grelina es el interruptor de “encendido”. Producido en gran parte por el revestimiento del estómago, le indica al cerebro (específicamente al hipotálamo) que es hora de comer. Aquí está el truco: cuando haces dieta y pierdes peso, los niveles de grelina aumentan. Tu cuerpo cree que se muere de hambre y trata de recuperar la grasa perdida. Por eso el mantenimiento es más difícil que la pérdida inicial.

La leptina es el interruptor de “apagado”. Elaborado por células grasas, le indica a tu cerebro que estás lleno. Un nivel bajo de leptina significa que tienes hambre y tu cuerpo quiere almacenar energía. La leptina alta significa que estás satisfecho.

Pero aquí está la trampa para muchas personas obesas: la resistencia a la leptina.

Tu cuerpo deja de escuchar la señal. Nunca te sientes satisfecho, no importa cuánto comas. Su biología lucha activamente contra sus esfuerzos por perder peso.

“Básicamente, tu cuerpo utiliza estas hormonas para ayudarte a mantener tu peso y evitar que pierdas grasa”.

Cómo la falta de sueño te roba la fuerza de voluntad

Puedes llevar la dieta perfecta, pero si no duermes, tus hormonas te traicionarán.

La falta de sueño aumenta la grelina (tienes más hambre) y reduce la leptina (no te sientes lleno). Es un doble golpe.

Aprendí esto de la manera más difícil. Durante mi pasantía médica, tuve falta de sueño y trabajé toda la noche cada tres noches. Ese año gané mucho peso. Años más tarde, después del nacimiento de mi hijo Alex, el patrón se repitió. Tuvo cólicos y no durmió más de veinte minutos seguidos durante los primeros seis meses. Gané cuarenta libras: veinte por el embarazo y veinte por el cansancio.

En el momento en que comencé a dormir más, el peso desapareció más fácilmente. Dormir no es sólo descansar; es regulación metabólica.

La trampa genética y ambiental

No son sólo las hormonas. Es tu ADN.

Las estimaciones sugieren que la genética representa entre el 20% y el 90% del peso corporal. Los estudios sobre gemelos muestran que los hermanos que crecen separados terminan teniendo pesos similares. Los niños adoptados tienden a coincidir con el tamaño corporal de sus padres biológicos, no con los adoptivos.

Esto apunta a la teoría del gen ahorrativo.

Nuestros antepasados ​​necesitaban comer siempre que hubiera alimentos disponibles y almacenar grasa para sobrevivir a las hambrunas. Genéticamente, esto tenía mucho sentido cuando su próxima comida era incierta. Hoy en día, con la comida rápida a la vuelta de la esquina, ese mecanismo de supervivencia es un inconveniente. No eres un vago; estás equipado evolutivamente para almacenar energía en un mundo donde la energía es infinita.

¿Un virus te hace engordar?

Esto suena como territorio de teoría de la conspiración, pero es ciencia real.

Adenovirus-36 es un virus común relacionado con los resfriados y la conjuntivitis. Se encuentra en el 30% de las personas obesas, en comparación con sólo el 5% de las que no lo son. Cuando los científicos expusieron células madre humanas a este virus, las células se convirtieron en células grasas.

Esto sugiere que cierto aumento de peso no es conductual en absoluto. Es contagioso. En teoría, esto podría conducir a una vacuna contra la obesidad, pero aún no hemos llegado a ese punto.

Culpables médicos ocultos

Si come bien, duerme bien y aún no puede perder peso, verifique estos problemas médicos. Puede que no sea tu culpa.

  • Hipotiroidismo: Una tiroides lenta ralentiza el metabolismo, lo que hace que perder peso sea increíblemente difícil.
  • Enfermedad de Cushing: Los niveles altos de cortisol provocan aumento de peso, especialmente en la cara y el tronco.
  • SOP: El síndrome de ovario poliquístico implica desequilibrios hormonales que promueven el aumento de peso en las mujeres.
  • Trastorno por atracón: Afecta a alrededor del 30% de las personas obesas y no se trata sólo de “bocadillos”. Es un consumo habitual y de gran volumen impulsado por factores psicológicos.
  • Medicamentos: Revisa tu botiquín. Los infractores comunes del aumento de peso incluyen:
  • Antidepresivos (como Paxil y Zoloft)
  • Estabilizadores del estado de ánimo
  • Medicamentos para la diabetes
  • Agentes para la presión arterial
  • esteroides
  • Medicamentos anticonvulsivos
  • Antihistamínicos

Entonces, ¿qué haces?

¿Saber todo esto significa que deberías rendirte?

No. La obesidad mata. Daña tu salud. Pero también significa que no puedes castigarte por falta de “fuerza de voluntad”. Estás luchando contra la biología, la genética y posiblemente los virus.

Sólo tienes que trabajar más duro. Y más inteligente.

Comprenda sus factores desencadenantes. Arregla tu sueño. Revisa tus medicamentos. Reconoce que tu cuerpo está luchando para mantenerte gordo y respeta esa batalla. No es un fracaso moral. Es una guerra fisiológica.

Y las guerras se ganan con estrategia, no sólo con la fuerza bruta.