Por qué es menos probable que los hombres intervengan cuando otros hombres se portan mal y qué dice eso sobre la masculinidad

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Un escenario común se da en bares, escuelas y lugares de trabajo: una mujer se siente insegura debido a la atención no deseada de un hombre. Ella mira a su alrededor en busca de ayuda, pero los transeúntes, especialmente otros hombres, a menudo permanecen en silencio. Este fenómeno, conocido como efecto espectador, no es sólo una cuestión de indiferencia; tiene sus raíces en complejos factores psicológicos y sociales.

La ciencia de la inacción

La psicóloga Catherine Sanderson del Amherst College explica que es menos probable que las personas actúen en grupo porque la responsabilidad se difunde. Cuantos más observadores estén presentes, menos presión individual habrá para intervenir. Sin embargo, las investigaciones muestran que el género juega un papel importante: las mujeres tienen más probabilidades de intervenir que los hombres cuando presencian un comportamiento problemático.

Normas masculinas y miedo a la reacción social

Un estudio de 2016 señala la influencia de las normas masculinas tradicionales. Los hombres pueden dudar en intervenir debido a la confusión sobre lo que es aceptable o al miedo a ser juzgados por sus compañeros. El psicólogo Ron Burg señala que la masculinidad a menudo se equipara con la dominación, lo que hace que la intervención parezca “débil”. Sostiene que un enfoque más saludable es enmarcar la masculinidad como una protección de la seguridad de la comunidad.

Socialización y ambigüedad

¿Por qué no hay más hombres hablando? En primer lugar, muchas situaciones son ambiguas. La gente teme malinterpretar un comentario como un “coqueteo” inofensivo cuando en realidad es acoso. Esta incertidumbre lleva a buscar señales en los demás, perpetuando la inacción. De manera más insidiosa, la socialización enseña a los hombres a descartar ciertos comportamientos como si fueran “sólo chicos siendo chicos”, minimizando el problema incluso antes de que se registre.

El papel del entorno y la dinámica del poder

El medio ambiente importa. En los espacios públicos, el anonimato y la velocidad facilitan eludir la responsabilidad. En los lugares de trabajo o en las escuelas, las dinámicas de poder crean miedo a las repercusiones (quejas de recursos humanos, consecuencias académicas). Sin embargo, la familiaridad (conocer a la persona que está siendo acosada) puede superar esta inercia.

Lealtad vs. Responsabilidad

Una de las dinámicas más peligrosas es la presión para permanecer leales a sus pares, incluso cuando se portan mal. Sanderson señala que los “grupos muy unidos” priorizan la solidaridad sobre la ética, lo que permite que el mal comportamiento quede sin control. Los hombres, en particular, temen represalias o el ostracismo social por criticar a otros hombres. Burg sugiere replantear la lealtad: “La verdadera lealtad significa evitar que tu amigo cruce una línea, no dejar que se avergüence o lastime a otra persona”.

Minimizar el daño y el condicionamiento cultural

El problema se ve agravado por mensajes culturales que excusan el comportamiento dañino. Frases como “los niños serán niños” normalizan la agresión, mientras que “métete en tus propios asuntos” desalienta la intervención. A los hombres se les enseña a mantenerse al margen, incluso cuando el comportamiento se intensifica.

Cómo actuar

Burg aboga por “evocar sus valores” en lugar de “denunciar a alguien”. Intervenciones simples pueden marcar la diferencia: redirigir la conversación, preguntar si la persona necesita ayuda o un firme “no está bien” al acosador. También es eficaz involucrar al personal o la seguridad en los espacios públicos.

Normas sociales cambiantes

Los programas de intervención de espectadores, como Bringing in the Bystander y Green Dot, se han mostrado prometedores a la hora de aumentar la conciencia, reducir la tolerancia al acoso y aumentar la confianza para intervenir. Sanderson enfatiza que crear un mundo donde la gente hable requiere responsabilidad personal: “¿Quieres que esto le pase a alguien en tu vida? Si no, tienes el deber de actuar”.

En última instancia, abordar el efecto espectador requiere desmantelar las normas masculinas tóxicas y fomentar una cultura donde la intervención no sólo se acepte sino que se espere. El silencio permite hacer daño; Hablar puede salvar vidas.