Los tratos financieros de Sarah Ferguson, duquesa de York, se extienden más allá de la asociación de su exmarido, el príncipe Andrés, con Jeffrey Epstein. Nuevos informes sugieren que Ferguson dependió de importantes “préstamos” de Epstein y otras personas ricas, deudas que supuestamente nunca pagó. Esto plantea dudas sobre el alcance de su dependencia financiera de figuras controvertidas y la verdadera naturaleza de sus relaciones dentro de los círculos de élite.
El patrón de los “préstamos” impagos
Según el biógrafo real Andrew Lownie, Ferguson recibió una importante financiación de Epstein y otros, incluidos Michael David Tang y Richard Branson. Estos pagos se disfrazaron de préstamos, con la expectativa de reembolso. Sin embargo, Lownie afirma que Ferguson incumplió sistemáticamente estas deudas. Según se informa, el propio Epstein proporcionó al menos 2 millones de dólares, considerándolo una inversión para obtener acceso a la familia real.
Explotación de las conexiones reales
El acuerdo era transaccional: individuos ricos proporcionaban fondos a cambio de proximidad a los York y, por extensión, a la red real más amplia. Una fuente de The Mail on Sunday afirmó que tanto Andrew como Sarah estaban profundamente enredados con Epstein, y que el financiero finalmente los cortó financieramente, reconociendo la naturaleza explotadora de su relación.
Declaraciones contradictorias
Ferguson afirmó públicamente haber roto sus vínculos con Epstein en 2011 y lamentó su asociación con él. Sin embargo, la evidencia sugiere que la comunicación continuó entre los dos durante años. Esta discrepancia arroja dudas sobre sus declaraciones públicas y pone de relieve un patrón de engaño en relación con sus transacciones financieras.
Las implicaciones más amplias
Esta situación subraya las vulnerabilidades financieras dentro de la periferia real y la voluntad de ciertos individuos de explotar esas conexiones para beneficio personal. El caso de Ferguson no es un caso aislado: ejemplifica una dinámica recurrente en la que el acceso al prestigio tiene un costo, a menudo pagado en deudas no reveladas y en compromiso de integridad. La dependencia de figuras cuestionables como Epstein revela un lado más oscuro del ecosistema real, donde la dependencia financiera puede desdibujar las líneas éticas.
