Durante décadas, la “aspirina para bebés” fue un elemento básico en los botiquines de millones de adultos mayores. La lógica era simple: la aspirina en dosis bajas hace que las plaquetas sean menos pegajosas, lo que en teoría previene las obstrucciones arteriales que desencadenan ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares.
Sin embargo, datos recientes revelan un cambio masivo en la práctica médica. Según una investigación de Epic Research, el uso de aspirina en dosis bajas para la prevención cardiovascular se ha desplomado aproximadamente 57 % desde 2018, pasando de una tasa de uso del 7,2 % a solo el 3,2 %.
Los datos detrás del declive
El cambio no es meramente anecdótico; está respaldado por un análisis masivo de registros médicos electrónicos. Los investigadores examinaron 279 millones de visitas a atención primaria que tuvieron lugar entre 2015 y 2025 entre adultos de 40 años o más.
Para garantizar que los datos se centraran específicamente en el uso preventivo, el estudio excluyó a los pacientes a quienes ya se les recetó aspirina para afecciones existentes, como:
– Accidentes cerebrovasculares previos
– Enfermedad de las arterias coronarias establecida
– Enfermedad de las arterias periféricas
Los hallazgos mostraron una disminución constante y significativa en las prescripciones de aspirina para la prevención primaria, lo que indica un cambio fundamental en la forma en que los médicos y los pacientes abordan la salud del corazón.
Por qué cambió el consenso médico
La disminución del uso de aspirina es el resultado directo de la evolución de las directrices clínicas. Las organizaciones médicas se han alejado de las recomendaciones universales porque se ha reevaluado la relación “riesgo-recompensa”.
1. El riesgo de sangrado
Si bien la aspirina puede prevenir los coágulos, también diluye la sangre, lo que aumenta significativamente el riesgo de sangrado interno y problemas gastrointestinales. Estudios recientes sugirieron que para muchas personas, el peligro de hemorragia superaba los posibles beneficios de protección del corazón.
2. Debilitamiento de la evidencia
Como señala el Dr. Jim Liu del Centro Médico Wexner de la Universidad Estatal de Ohio, los estudios anteriores que mostraban un beneficio de la aspirina a menudo eran inconsistentes o carecían de la solidez suficiente. Esto llevó a una serie de rebajas en las directrices oficiales:
* 2019: El Colegio Estadounidense de Cardiología (ACC) y la Asociación Estadounidense del Corazón (AHA) desaconsejaron el uso de aspirina para prevención primaria (prevención de un primer evento), sugiriéndola solo para adultos específicos de alto riesgo de entre 40 y 70 años.
* 2022: El Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de EE. UU. (USPSTF) fue más allá y recomendó que los adultos de 60 años o más eviten comenzar un régimen diario de aspirina por completo.
3. Existen mejores alternativas
La medicina moderna se ha vuelto mucho más eficaz a la hora de controlar las causas fundamentales de las enfermedades cardíacas. El Dr. Corey Bradley del Centro Médico Irving New York-Presbyterian/Columbia University señala que los avances en el tratamiento del colesterol alto y la presión arterial alta han demostrado ser más efectivos y seguros que depender de la aspirina.
¿Quién debería seguir tomando aspirina?
A pesar del descenso general, la aspirina sigue siendo una herramienta vital para grupos específicos. Los expertos médicos enfatizan que “una talla no sirve para todos”.
El consenso clínico actual sugiere que la aspirina es más beneficiosa para:
* Prevención secundaria: Personas que ya han experimentado un ataque cardíaco, un derrame cerebral o se les ha colocado un stent.
* Perfiles de alto riesgo: Pacientes con aterosclerosis (acumulación de placa en las paredes de las arterias) de moderada a grave.
“Todo se reduce a asesoramiento sobre riesgos individuales”, dice el Dr. Kevin Shah de MemorialCare. Los médicos ahora deben sopesar el riesgo cardiovascular específico de un paciente frente a su riesgo personal de hemorragia.
Conclusión
La era del uso rutinario y universal de aspirina está llegando a su fin a medida que la ciencia médica prioriza intervenciones más específicas y seguras, como el control de la presión arterial y el colesterol. Los pacientes no deben suspender ni comenzar ningún medicamento según las tendencias generales, sino consultar a su proveedor de atención médica para determinar su perfil de riesgo específico.









