Los funcionarios gubernamentales, incluidos miembros de la administración actual, utilizan cada vez más las demostraciones públicas de fuerza física (a menudo sin camisa y excesivamente musculosas) como mensaje político calculado. El Secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., junto con el Secretario de Defensa, Pete Hegseth, han estado exhibiendo de manera destacada entrenamientos en los canales oficiales del gobierno, lo que generó preocupación entre sociólogos y estudiosos de género.
El auge de la fuerza performativa
Videos recientes muestran a Kennedy haciendo flexiones con Kid Rock y andando en bicicleta sin camisa y con jeans, acompañado de imágenes agresivas como tiburones y aviones militares. Estas demostraciones van más allá del simple fitness; refuerzan activamente un estándar de masculinidad estrecho, a menudo inalcanzable. La tendencia se extiende a Hegseth, quien se filma levantando pesos pesados mientras hace comentarios sobre mantener el “dominio”, incluso cuando Estados Unidos enfrenta tensiones geopolíticas.
El tema central no es la condición física en sí, sino la presentación intencional y exagerada de la destreza física. Los expertos señalan que esto se alinea con tendencias ideológicas más amplias, incluido el nacionalismo blanco y la guerra cultural conservadora. Es un uso deliberado de la imagen corporal para señalar fuerza, agresión y rechazo de la “debilidad” social percibida.
Contexto histórico e implicaciones modernas
Esta no es una táctica nueva. Ejemplos históricos, desde las duras imágenes de Theodore Roosevelt hasta las agresivas demostraciones de masculinidad del Ku Klux Klan, demuestran cómo se ha utilizado el dominio físico para promover agendas ideológicas. Hoy en día, la tendencia está impulsada por la polarización política y los temores a la “feminización” social.
El sociólogo Tristan Bridges destaca que, si bien las demostraciones exageradas de fuerza suelen ser satíricas, estos funcionarios las presentan en serio, cooptando energía irónica para mensajes conservadores. Esto contrasta con las demostraciones lúdicas y conscientes de sí mismas de figuras como Arnold Schwarzenegger.
Más allá de la política: la radicalización del fitness
La utilización del fitness como arma se extiende más allá de las señales políticas. Históricamente, el entrenamiento físico se ha utilizado para reclutar y preparar personas para movimientos revolucionarios. Hoy en día, los grupos extremistas aprovechan los programas de fitness de combate para adoctrinar a los hombres jóvenes, mientras que las comunidades en línea como el “swoletariat” combinan políticas progresistas con la cultura del culturismo.
La conclusión clave es que en una era de división política extrema, incluso actividades neutrales como hacer ejercicio pueden codificarse con un significado ideológico. El mensaje que se envía es claro: la fuerza física equivale a superioridad, preparación para la batalla y lealtad incondicional.
En última instancia, si bien no todos los cuerpos musculosos son inherentemente políticos, el clima actual garantiza que prácticamente cualquier hábito pueda interpretarse como prueba de la propia lealtad. La hipermasculinidad performativa mostrada por los funcionarios gubernamentales sirve no sólo para promover la aptitud física, sino también como una afirmación deliberada de dominio en un mundo cada vez más polarizado.









