Es fácil imaginar la adoración como la escena familiar de un servicio dominical: la música aumenta, las manos levantadas, las luces atenuadas, todos aparentemente preparados para un momento inspirador. Pero ¿qué pasaría si la adoración verdadera fuera mucho más allá de estas tradiciones? ¿Y si impregnara nuestra vida cotidiana? Esta idea puede resultar discordante al principio, especialmente cuando se enfrentan a las exigencias de la vida diaria como cónyuges y padres.
La Biblia nos desafía a ver la adoración desde una perspectiva más amplia que simplemente las prácticas religiosas organizadas. Romanos 12:1 insta a los creyentes: “Por tanto, os exhorto, hermanos y hermanas, por la misericordia de Dios, a ofrecer vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios; este es vuestro culto verdadero y propio”. No se trata de grandes gestos; se trata de entregarnos completamente a Dios en cada momento.
De la rutina a la relación: la adoración dentro del matrimonio
¿Cómo se traduce este concepto en la realidad, a menudo confusa, del matrimonio? Significa amar intencionalmente, incluso cuando el amor se siente como una tarea ardua. Significa buscar la guía de Dios durante los desacuerdos y apreciar esos momentos de alegría compartida con una actitud de gratitud. Aquí hay algunas maneras de incorporar la adoración en sus interacciones matrimoniales:
- Comunicación en oración: Hacer tiempo para la oración regular como pareja va más allá de abordar los problemas; se convierte en una forma de alinear vuestros corazones con la voluntad de Dios en cada decisión, grande o pequeña.
- Expresar gratitud: Fíjate en las pequeñas cosas: una mano amiga, una palabra reflexiva, incluso completar una tarea sin que te lo pidan. Estos actos merecen expresiones genuinas de agradecimiento y reconocimiento. Un simple “te aprecio” puede ser de gran ayuda.
- Servirnos unos a otros: Busque oportunidades para aliviar las cargas de su pareja. Asumir una tarea que no les gusta u ofrecer ayuda con sus responsabilidades no son sólo tareas domésticas; son expresiones de amor que honran a Dios al poner primero las necesidades de su cónyuge.
La crianza de los hijos como adoración: la práctica comienza en casa
¿Alguna vez has intentado explicarle la paciencia a un niño de dos años convencido de que esperar cinco minutos es una eternidad? Estos momentos se convierten en oportunidades para una crianza “adoradora”, demostrando gracia y comprensión incluso cuando somos empujados más allá de nuestros propios límites.
Así es como los desafíos cotidianos de la crianza de los hijos pueden convertirse en actos de adoración:
- Batallas a la hora de dormir: Convierte esas rabietas de resistencia en un momento para modelar la paz. Incorpora la oración como parte de tu rutina, mostrándole a tu hijo que buscar la presencia de Dios es calmante y valioso en cada momento.
- Criaturas públicas: Un niño pequeño que grita en medio del supermercado pone a prueba nuestra compostura. Pero elegir la calma y la gracia en medio del caos no es fácil. Le enseña a su hijo resiliencia y al mismo tiempo refleja la paciencia de Dios con todos nosotros.
- Peleas entre hermanos: En lugar de alimentar las discusiones, guíe la reconciliación. Ayúdelos a aprender a amarse y perdonarse unos a otros. En estos momentos, estás reflejando la unidad y la compasión que se encuentran en el carácter de Dios.
Adoración más allá del ritual: un viaje para toda la vida
En esencia, la verdadera adoración se trata menos de rituales rígidos y más de cultivar una relación profunda con Dios que se extiende a todas las facetas de la vida. Matt Redman captura esto maravillosamente cuando canta: “Estoy volviendo al corazón de la adoración”. Llevar nuestras luchas y alegrías cotidianas (las victorias y los fracasos) a Dios con humildad y gratitud constituye una poderosa forma de adoración.
No se trata de actuar; se trata de entregarnos plenamente a Aquel que nos hizo. La adoración se entreteje en el tejido del matrimonio, la paternidad, las amistades, el trabajo y cada interacción que tenemos. Es un viaje de por vida para abrazar la presencia de Dios en todas las cosas, grandes y pequeñas.








