Adolescentes, juegos de azar y la nueva normalidad: lo que los padres deben saber

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El Super Bowl ya no es sólo un partido de fútbol. Este año, como muchos antes, llegó con una ola abrumadora de anuncios de apuestas deportivas, respaldo de celebridades y conversaciones informales sobre parlays. Aunque técnicamente está dirigida a adultos, esta exposición llega a un público mucho más joven. Los adolescentes de hoy están creciendo en un mundo donde el juego está normalizado en la cultura deportiva, los juegos y las redes sociales, y eso es una llamada de atención para los padres.

El aumento del juego entre adolescentes

Según Common Sense Media, más de uno de cada tres niños de entre 11 y 17 años ha jugado durante el último año. Muchos encuentran mecánicas similares a las de los juegos de azar a través de los videojuegos antes de realizar una apuesta tradicional. El Super Bowl y otros eventos deportivos importantes como March Madness registran constantemente aumentos en el juego de menores, a pesar de las salvaguardas existentes. Esto no es accidental: el gran volumen de exposición hace que sea fácil para los jóvenes involucrarse en las apuestas, enmarcadas como divertidas, sociales y de bajo riesgo.

Por qué es importante la exposición temprana

Melissa Tract, psicoterapeuta especializada en comportamiento adolescente, explica que los adolescentes de hoy se enfrentan a conceptos de juego antes que las generaciones anteriores. La exposición ahora ocurre a través de videojuegos (cajas de botín, apuestas de aspectos), deportes de fantasía y personas influyentes que discuten sobre apuestas. Esta normalización es peligrosa porque los adolescentes no siempre reconocen estas actividades como juegos de azar.

También hay un factor neurológico: los adolescentes desarrollan un control de los impulsos y una mayor sensibilidad a las recompensas. Las recompensas aleatorias desencadenan la liberación de dopamina, lo que refuerza las conductas adictivas. La exposición temprana aumenta significativamente la probabilidad de patrones compulsivos más adelante, lo que hace que el juego entre adolescentes sea un problema de salud pública, no solo disciplinario.

Reconociendo las señales

Los padres no deberían entrar en pánico por incidentes aislados, pero Tract insta a estar atentos a los patrones:

  • Mayor secreto en torno a la actividad en línea.
  • Cambios bruscos en los hábitos de gasto.
  • Abstinencia de pasatiempos o actividades sociales.
  • Actitud defensiva cuando se le pregunta sobre las apuestas.
  • Priorizar el juego sobre las responsabilidades.

Si el juego comienza a dominar la vida diaria, la intervención es crucial.

Cómo hablar sobre juegos de azar de forma eficaz

Evite sermones o tácticas de miedo. En su lugar, trate de mantener conversaciones tranquilas y continuas. Haga preguntas abiertas: “¿Qué observa acerca de las apuestas durante los juegos?” o “¿Qué piensan tus amigos sobre esto?”

La psicóloga clínica Lisa Damour advierte que los juegos de azar están diseñados intencionalmente para parecer divertidos y al mismo tiempo enmascaran el riesgo financiero. Los padres deben explicar cómo funcionan las apuestas, por qué la casa siempre gana y cómo se acumulan las pérdidas.

Establecer límites y ofrecer alternativas

Los límites prácticos importan. Elimine los métodos de pago guardados de los dispositivos, solicite aprobación para compras dentro del juego y supervise nuevas aplicaciones. La educación es igualmente fundamental: enseñar a los adolescentes sobre las probabilidades, las ganancias de las plataformas y la ilusión de las “apuestas gratis”.

Ofrezca alternativas saludables para asumir riesgos: deportes, desafíos creativos o competencias basadas en habilidades que generen emoción sin riesgos financieros.

Cuándo buscar ayuda profesional

Si el juego se convierte en un mecanismo de afrontamiento o una fuente de angustia, busque apoyo profesional. Los consejeros escolares o los profesionales de la salud mental familiarizados con las adicciones conductuales pueden ayudar a prevenir la escalada.

El juego se ha infiltrado silenciosamente en la vida de los niños a través de pantallas, deportes y redes sociales. Notar esto, nombrarlo y hablar abiertamente sobre ello puede ser lo más protector que pueden hacer los padres.