Estados Unidos se destaca en una encuesta reciente realizada en 25 países por el Pew Research Center: Los estadounidenses son excepcionalmente pesimistas sobre la moralidad de su propio pueblo. A diferencia de los ciudadanos de la mayoría de las otras naciones que generalmente confían en la posición ética de quienes los rodean, una mayoría de los adultos estadounidenses (53%) cree que sus compatriotas son “moralmente malos”, superando a aquellos que los ven como “moralmente buenos” (47%).
Las raíces de la desconfianza: la polarización política
Estados Unidos no es necesariamente más severo con comportamientos específicos. Cuando se les pregunta sobre temas como el aborto o el consumo de alcohol, los estadounidenses se ubican cerca del medio del grupo internacional en términos de juicio moral. El verdadero caso atípico es su desconfianza general hacia otros estadounidenses. Los expertos sugieren que esto se debe a una polarización política extrema.
El psicólogo John Jost de la Universidad de Nueva York sostiene que esta división está impulsada por campos ideológicos opuestos. Los conservadores religiosos pueden considerar a los liberales como inmorales, mientras que los progresistas ven cada vez más a los republicanos (particularmente durante la era Trump) como corruptos, antidemocráticos y llenos de prejuicios. Esto no es sólo un desacuerdo; es una condena moral profundamente arraigada.
¿Una tendencia a largo plazo?
Si bien esta es la primera vez que Pew hace esta pregunta específica, tendencias más amplias sugieren que esto no es nuevo. Las encuestas de Gallup muestran una aceptación moral cada vez menor de comportamientos como el sexo sin casarse y las transiciones de género en Estados Unidos en los últimos años. La tendencia indica que los estadounidenses se están volviendo menos tolerantes con los comportamientos que consideran inmorales.
Comparando con otras naciones
En marcado contraste, Canadá e Indonesia ocuparon los primeros lugares en cuanto a la creencia de que sus ciudadanos eran moralmente buenos. El sociólogo Scott Schieman de la Universidad de Toronto señala que la política en Estados Unidos es mucho más personal y divisiva que en Canadá. Es más probable que los estadounidenses consideren a sus oponentes políticos como fundamentalmente inmorales, en lugar de simplemente estar en desacuerdo con sus políticas. La retórica empleada por figuras como Donald Trump, quien calificó a los medios de comunicación como “el enemigo del pueblo”, ejemplifica este juicio extremo.
Estados Unidos utiliza de manera única la moralidad como arma en su discurso político, lo que lleva a una desconfianza generalizada hacia sus conciudadanos.
Los hallazgos de la encuesta resaltan una realidad inquietante: Los estadounidenses tienen más probabilidades de juzgarse unos a otros con dureza que cualquier otra nación encuestada. Esta tendencia subraya la profundidad de la polarización en la sociedad estadounidense y plantea interrogantes sobre el futuro de la cohesión social.









